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Día 25: escribí acerca de un tema del que no tenés ni idea. Inventá todo.

La escritura nos permite registrar nuestro mundo y a la vez crear mundos nuevos. Por eso me gusta tanto la escritura creativa, la que crea, la que no tiene límites ni bordes. Hoy toca inventar. Elegí un tema, el que quieras, puede ser algo que te fascine o te haya intrigado desde chico —en mi caso siempre me pregunté de dónde salieron los Moai de la Isla de Pascua—, un tema levemente científico —la vida y muerte de los baobabs—, algo mundano —qué hace la vecina de al lado cuando nadie la ve—, por qué los pitufos son azules, cómo es el proceso de fabricación de una galletita, cómo son los días en Saturno. Lo que se te ocurra. Ahora escribí un texto y explicá ese tema con total seguridad, como si fueses un experto.

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Día 24: escribile a alguien que ya no está

La carta es uno de mis formatos preferidos para escribir, supongo que porque tiene un destinatario al que, en general, suelo conocer bastante bien. Cuando escribo un texto tengo que pensar en los posibles lectores, quiénes serán, les interesará lo que cuento, se sentirán identificados. Con las cartas sé a quién me dirijo, tengo un solo lector importante, y eso hace, a veces, que sean más fáciles de escribir.

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Día 23: cómo te parecés a tu mamá

Creo que a todos nos pasa, sobre todo cuando llegamos a los 30 (¿o me pasará solo a mí?): hay un momento en el que nos damos cuenta de que somos iguales a nuestra mamá, acabamos de decir lo mismo que nos dijo ella toda la vida y que siempre desestimamos, nos quejamos de la misma forma, damos la misma orden, le decimos a alguien que se abrigue, preguntamos de la manera en que pregunta ella. De golpe, todo eso que siempre nos pareció típico de ella, ahora lo hacemos. Cuando reconozco a mi mamá en mis frases o acciones, me quedo en silencio por un segundo y pienso: «Hacé como si nada, que nadie se dio cuenta». Describí ese momento en el que te das cuenta cuánto te parecés a ella (o a tu papá, si preferís).

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Día 21: «Estas son mis raíces»

Para este ejercicio buscá un papel lindo, puede ser de carta, de color, con dibujos o uno que te gustó por algo y que habías reservado para una ocasión especial. Agarrá también un sobre, o fabricá uno, y escribile en el frente:

«Estas son mis raíces»
Escrito el: __________________ (fecha de hoy)
Para abrir el: ________________ (fecha que quieras)

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Día 20: escribí acerca de un lugar que amás

Natalie Goldberg propone: «Visualizá un lugar que amás, situate ahí, recordá los detalles. Ahora describilo. Puede ser un rincón de tu dormitorio, un árbol bajo el que te sentaste un verano, una mesa en el McDonald’s de tu barrio, la orilla de un río. ¿Qué colores, olores, sonidos hay? Cuando otra persona lo lea debería saber qué se siente estar ahí. Debería sentir cómo amás ese lugar, no porque digas que lo amás, sino por cómo mostrás los detalles».

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Día 19: describí tus rituales matutinos en tercera persona

¿Cuáles son las primeras cinco cosas que hacés al levantarte? Mirás por la ventana, abrazás a alguien, te abrigás los pies, te preparás un té en tu taza preferida que compraste en un viaje, escribís tus sueños, comés, no comés, mirás el teléfono, ¿qué hacés? Describí estas cinco acciones en tercera persona, como si estuvieras hablando del personaje de algún cuento.

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Día 17: escribí acerca de algo que no te gusta hacer

Escribí acerca de algo que no te guste hacer, que odies tener que repetir. Describí la actividad paso a paso y contá con mucho detalle por qué no te gusta, qué sentís cuando lo hacés. Yo, por ejemplo, odio ver fotos de las vacaciones de otro, sobre todo cuando son 7651 sin seleccionar, varias tomas de lo mismo, mucho desenfoque, flash pegando sobre cachetes de desconocidos, series de pies contra la arena, fotos grupales repetidas. Las veces que tengo que mirarlas por obligación siento que voy a sufrir algo así como el Death by Powerpoint. Tampoco me gusta el ritual de ir a la pileta (nadar me encanta, el antes y el después me parece lo más tedioso del mundo), ni jugar al hockey (en el colegio me obligaban), ni subirme a un escenario. Elegí algo que te desagrade hacer, lo que sea, y escribilo. Tenés permiso para quejarte.

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Día 16: describí el clima de tu mundo imaginario

¿En qué tipo de mundo te gustaría habitar? En el libro «El mundo imaginario de», de Keri Smith, la autora da ejercicios para crear nuestro propio mundo: describir una calle, dibujar un mapa, hacer una lista de identidades secretas, construir un museo, hacer reglas de comportamiento, escribir una constitución, dibujar los paisajes, crear artefactos históricos. Empecemos por lo simple: ¿cómo sería el clima de tu mundo imaginario? ¿Hay estaciones? ¿Llueve? ¿Temperatura promedio? ¿Hay auroras boreales, sol de medianoche? ¿Es húmedo, seco? Describilo, imaginate un día en ese clima, y si querés seguir con el ejercicio de construir el mundo, pensá en los paisajes y en cómo sería tu casa. Acordate que tu mundo imaginario no tiene por qué parecerse al real, tal vez tiene condiciones climáticas revolucionarias, como lluvia de libros o árboles hechos con biromes.

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Día 15: escribí acerca de un perro que haya formado parte de tu vida (y aprendé a recordar en imágenes)

El ejercicio de hoy es un poco más largo y no es solo para escribir sino para aprender a recordar en imágenes. Es del libro «What it is», de Lynda Barry, una gran autora que les recomiendo mucho, y tiene varios pasos:

1. Numerá una hoja del 1 al 10 y hacé una lista de 10 perros que hayan formado parte de tu vida, los que primero se te vengan a la mente. No lo pienses demasiado.

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Día 14: escribí un evento de tu vida de atrás para adelante

El libro «642 Tiny Things to Write About» propone: «Pensá en un evento dramático de tu vida (un accidente, pelea o pérdida) y escribilo hacia atrás». Como si la cámara que filmó esa situación solo te permitiese ver el video de atrás para adelante. No hace falta que sea un texto largo, este libro de disparadores está pensado para completar las consignas en cinco minutos o menos, así que pueden condensar todo en un párrafo. Traten de mostrar cómo el tiempo va hacia atrás, en qué detalles se nota. Les dejo un cuento que me gusta mucho y que está escrito con este formato: «Divina locura» de Roger Zelazny. Mañana, para festejar el día 15, les daré uno de mis ejercicios preferidos de Lynda Barry.

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Día 13: escribile una carta a tu yo del pasado

Elegí una edad que sea importante por las elecciones que hiciste en ese momento. Puede ser cuando empezaste la facultad, cuando la dejaste, cuando tuviste un hijo, te peleaste con alguien, conociste a alguien, dejaste tu trabajo, alguien se murió, casi te morís. Puede ser un evento muy mínimo que haya cambiado el rumbo de tu vida. Escribile a ese yo de XX años desde tu yo actual y decile lo que sientas que tiene que saber.

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Osito

Llegó a mi vida en avión. Cuando aterrizó en mi cuna teníamos casi el mismo tamaño: yo tenía un año y él tres. Era blanco y de ojos marrones, y su única ropa era una cintita de terciopelo roja y azul atada al cuello. Mi mamá lo había comprado en Schwarz, la mejor juguetería de Nueva York, como recompensa por haberse ido tres semanas de viaje cuando recién empezábamos a conocernos. Quedé a cargo de una niñera alemana, de la que recuerdo sus vestidos de flores y una medalla redonda que le colgaba del cuello, mientras mi mamá estaba de gira con artistas y gente famosa como Monzón y Marta Minujín. En aquella época yo no entendía lo que era viajar ni tampoco entendía que mi mamá pudiese tener una vida que no me incluyera, mucho menos en otro país, pero con esa ausencia temprana ella me enseñó a soportar las separaciones por viajes. Sospecho que veinte años después se dio cuenta y se arrepintió.

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Día 12: elegí un objeto de tu casa. Escribí su historia.

Este ejercicio me encanta. Lo hice por primera vez en el taller de narrativa de Pedro Mairal, un escritor argentino, en el 2013. Una mañana, Pedro llegó al bar con una naranja, la puso sobre la mesa y nos pidió que habláramos de ella. Cada cual terminó contando una historia distinta, alguien describió la manera de pelar naranjas de su papá, yo conté de cuando un chino me regaló una naranja muy cara en año nuevo. La naranja era la misma pero tenía significados distintos según quién la mirara. Los objetos tienen historias personales que solo los dueños pueden contar. A veces esa historia nos antecede, a veces empieza con nosotros. Para la consigna de hoy elijan un objeto de su casa y escriban su historia. Traten de reconstruir todo: de dónde salió el objeto, cómo llegó a sus vidas, de qué maneras interactúan con él, qué significados oculta, qué lo hace importante, o no.

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Día 11: Empezá con «me acuerdo de»

En Writing down the bones, Natalie Goldberg propone: «Empezá con me acuerdo de. Escribí muchas memorias chiquitas. Si caes en un recuerdo grande, escribí acerca de eso. No frenes. No te preocupes si ese recuerdo ocurrió hace cinco segundos o hace cinco años. Todo lo que no es este momento son memorias que vuelven a cobrar vida cuando las escribimos. Si te trabás, volvé a escribir me acuerdo de y seguí». Es un buen ejercicio para hacer una lista. Mi consejo es que no piensen demasiado, que escriban lo que se les venga a la mente y se dejen llevar. Cuando lo hice terminé escribiendo un montón de historias del colegio que no hubiese recordado de otra manera. Si se traban, también pueden empezar diciendo «no me acuerdo de».

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Día 10: escribí el anuncio de un producto o servicio que te gustaría que existiera

Si pudieras inventar algo para facilitarte la vida, ¿qué sería? A mí me encantaría que exista un «Search» para la vida real: perdí algo en mi casa, lo escribo en esta barra de búsqueda y enseguida me muestra dónde está. También me gustaría tener un buscador de texto para mis libretas, para saber dónde escribí ciertas cosas. Imaginen que logran inventar esto que tanto necesitan y que tienen que salir a venderlo. ¿Cómo lo presentarían?

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Día 9: escribí acerca de la primera vez que viste a una persona de la que te enamoraste

Todos recordamos ese momento, cuando lo/la vimos por primera vez, así que hoy nos toca ponernos románticos (?). O no. Hay amores que son a primera vista y otros a décima. Buscá ese día en tu cabeza y tratá de revivirlo. ¿Dónde estabas? ¿Por qué estabas ahí? ¿Cómo era el clima? ¿Era de día o de noche?  ¿Cómo fue que se cruzaron? ¿Cuál fue el primer pensamiento que tuviste? ¿Qué te dijo? ¿Qué le dijiste? ¿Qué fue lo que te llamó la atención? ¿Qué pasaba a tu alrededor? ¿Cómo estaban vestidos? Como dije en otro ejercicio, la escritura sirve para guardar momentos en cajitas, así que condensá ese primer encuentro y describilo lo mejor que puedas, como si quisieras mantenerlo en el presente para siempre.

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Día 8: buscá una foto en un cajón y escribí lo que está pasando fuera del cuadro

Revolvé los cajones de tu casa (o de la casa de alguien, con su permiso) y buscá una foto. Si encontrás varias quedate con la que más te llame la atención, también podés usar alguna que hayas encontrado hace poco de casualidad. No importa si es de gente que conocés o no, si muestra un paisaje, una escena, un retrato, un cumpleaños. Las imágenes tienen el poder de congelar un instante pero siempre dejan una incógnita: ¿qué estaba pasando fuera del cuadro? ¿Quién sacó la foto? ¿En qué circunstancias? ¿Qué pasó unos segundos después de esa foto? ¿Qué pasó unos segundos antes? ¿Cuál fue el camino del fotógrafo para llegar a capturar esa imagen? ¿Qué pasaba alrededor suyo mientras él apretaba el botón? Mirá la foto, hacete estas preguntas y respondé a las que quieras por escrito. No pienses mucho, imaginá, inventá, suponé, dejá que la foto te cuente su historia.

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Día 7: escribí una historia en seis palabras

La leyenda dice que una vez desafiaron a Hemingway a escribir un cuento en seis palabras. El resultado: «On sale: baby shoes, never worn» («Oferta: zapatos de bebé, jamás usados»). Así nació el micro-género de las historias en seis palabras. En el 2006, la revista SMITH desafió a lectores y escritores que admiraban a escribir sus memorias en seis palabras (six-word memoirs) y de ese ejercicio salió un libro: «Not quite what I was planning. Six-word memoirs by writers famous and obscure». Hemingway había demostrado que se podía contar una historia con media docena de palabras y la revista demostró que también se puede relatar una vida con esa cantidad. Es cuestión de saber elegirlas bien. Un tiempo después, los mismos editores publicaron «Six-word memoirs on love and heartbreak», historias de amor y desamor en seis palabras. Me encanta ese libro y se los recomiendo, aunque solo se consigue en inglés.

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Día 6: escribí tu pesadilla recurrente

En las pesadillas hay algo muy poderoso: condensan todo eso que nos da miedo, a veces de manera muy irracional. Alguna vez soñé que alguien me perseguía para matarme y me desperté mal, pero mis peores pesadillas son otras, son las que se repiten y me quedan grabadas en la cabeza. Es fácil olvidarse de un sueño pero es muy difícil olvidarse de una pesadilla. Escribir desde el miedo, con mucho detalle, también es un buen ejercicio.

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Día 5: escribí el último sueño que recuerdes

Hace un tiempo les recomendé que se compren un cuaderno y escriban sus sueños todas las mañanas. ¿Alguien empezó? Yo lo hago desde el 2009, aunque no todos los días porque tengo etapas en las que no me acuerdo de haber soñado nada. Ahora, hace varios meses que me despierto con el sueño completo en la cabeza y lo primero que hago es sentarme a escribirlo en mi cuaderno de los sueños. Trato de no esperar mucho porque a los pocos minutos me lo empiezo a olvidar y al final del día ya no me acuerdo de nada. No sé si tendrá que ver o no, pero en mi caso soy más consciente de mis sueños cuando hago trabajos creativos y cuando estoy conectada conmigo. Hablando de obsesiones, una de las mías son los sueños.

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Día 4: exponé una de tus obsesiones

Todos tenemos temas que nos obsesionan y las obsesiones son poderosas, dice Natalie Goldberg en «Writing down the bones». Según ella, los escritores siempre terminan escribiendo acerca de sus obsesiones: lo que los persigue, lo que no pueden olvidar, lo que cargan desde la infancia. Son temas de los que no podemos escapar, cosas que se traslucen en nuestros textos aunque no nos demos cuenta.

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Día 3: desde donde estás sentado, escribí diez cosas a las que no les habías prestado atención.

Escribir tiene mucho que ver con aprender a estar presente. Natalie Goldberg dice que los escritores viven dos veces: primero la situación real —ir al mercado, cruzar la calle, dar un beso, comer, pelearse— y luego el registro escrito de esa situación. Escribir es volver a vivir un momento, es estar otra vez ahí, y para eso no hace falta tener buena memoria sino saber prestarle atención a la realidad. No es fácil ser consciente de cada momento —de esto se trata el mindfulness—, la vida cotidiana suele ponernos en piloto automático y hace que no registremos esos detalles que son, justamente, demasiado cotidianos. Pero la atención es algo que se entrena y la escritura es una herramienta excelente para esa gimnasia.

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Día 2: escribí un fragmento de tu autobiografía y mentí en algunas cosas

Sé bien específico, acotá tu biografía en el tiempo, podés concentrarte en una edad, año, década, evento importante, rasgo de personalidad. Relatá eventos que viviste, desde los más banales hasta los más extraordinarios, e inventá con mucho detalle cosas que nunca hiciste, personas que nunca conociste, conflictos que no existieron. También podés escribir acerca de una edad a la que todavía no llegaste como si ya la hubieses vivido. Poné todo en un mismo texto, sin aclarar lo que es verdad y lo que es mentira. La escritura sirve para mostrar mundos internos y para crear mundos imaginarios. Tenés el poder de escribir tu historia y de ser quien quieras.

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Día 1: escribí acerca de por qué escribís

En «Writing down the bones», Natalie Goldberg dice que es bueno preguntarnos, de vez en cuando, por qué escribimos. Cada cual tiene sus motivos y acá no hace falta justificarse, solo escribir el por qué: porque no quiero olvidarme de mi vida, porque es lo que me sale hacer, porque escribir es lo único que no me aburre, porque quiero escribir novelas y vivir en un bosque, porque puedo inventar otros mundos, porque quiero vivir para siempre, porque no tengo con quien hablar, porque me duele, porque me hace feliz, porque me ayuda a recordar, porque me ayuda a olvidar. Porque sí.

Es bueno tener un temporizador para hacer estos ejercicios y no dejar de mover la mano hasta que suene la alarma. Piensen en otros formatos: pueden hacer una lista, un mapa mental, un párrafo largo.

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30 días de escribirme

Dicen que hay que hacer algo por al menos treinta días para convertirlo en hábito. A mí a veces me funciona y a veces no, pero solo me doy cuenta al intentarlo. Cuando el hábito que quiero formar tiene que ver con la creatividad o el arte, me gusta pensarlo en formato de proyecto. El año pasado me propuse hacer un proyecto personal por mes. Durante todo agosto, por ejemplo, hice un cómic de mi día. Un intento de cómic, porque tampoco me sale tan bien, pero logré mantener el ejercicio por treinta días y documentar mi vida de otra manera. En septiembre me propuse publicar al menos una foto por día en Instagram. En enero de este año empecé a hacer un dibujo al día. Otros proyectos fracasaron, como hacerme un autorretrato diario, cocinar una receta nueva todos los días o meditar todas las mañanas. Algunos los terminé y no los seguí haciendo porque no quise, pero disfruté mucho ser constante durante un mes.

Si querés escribir tenés que generar el hábito. Antes cuando leía un libro que me gustaba me imaginaba que el autor se había sentado una mañana en su escritorio, en alguna cabaña en un bosque, había estirado los dedos y se había puesto a tipear la novela entera de un saque, casi sin errores. En general eso no pasa. Hay borradores de mierda, momentos en los que el cuerpo duele, parálisis frente a la hoja en blanco, momentos de disfrute pleno, un censor interno que no para de hablar y muchas pero muchas horas frente a la pantalla o el cuaderno. Escribir no es fácil pero tampoco tiene que intimidar. No hace falta escribir acerca de grandes cosas ni escribir pensando que el objetivo de un texto es publicarlo. Yo escribo muchos más textos para mí que para compartir. Anne Lamott dijo, en su libro «Bird by bird»: “The act of writing turns out to be its own reward”. El verdadero premio que nos da la escritura es el acto de escribir en sí, el proceso. Todo lo demás no importa, si no disfrutamos eso no vale la pena hacerlo solo por los resultados.

Los viajes me enseñaron a valorar la cotidianidad. “Cómo pasamos nuestros días es cómo pasamos nuestra vida”, dijo Anne Dillard. Si escribís aunque sea media hora por día, aunque no publiques ni se lo muestres a nadie, habrás pasado gran parte de tu vida escribiendo. Por eso tengo ganas de proponerles un proyecto para que hagamos juntos, a la distancia y en silencio. Durante los próximos 30 días, cada día publicaré un disparador o consigna corta para que ustedes escriban un texto de la extensión que quieran y con el formato que quieran en sus cuadernos o blogs. Son disparadores orientados a textos autobiográficos, pero pueden encararlos como quieran, o incluso escribir de otra cosa. No hace falta que los compartan, ni siquiera tienen que ser textos terminados. No le tengan miedo a los borradores. Lo importante es que los empiecen, se dejen llevar y disfruten esa media hora diaria, que sea una media hora para encontrarse con la hoja y la birome —o con la pantalla y el teclado— y con ustedes mismos. Nada más.

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Recordatorio: «Lo que está enfrente tuyo es un buen comienzo»

  • Pueden ver todos los posts de este proyecto acá: «30 días de escribirme».
  • Si quieren compartir sus textos o experiencias o reflexiones online, pueden usar el hashtag #30díasdeescribirme. Suelo andar por Instagram así que buscaré por ahí. Como les dije, no hay obligación de mostrar nada, tómenlo como un ejercicio personal.
  • Les recomiendo que durante este mes lean los libros “Bird by bird” de Anne Lamott y “Writing down the bones” de Natalie Goldberg.
  • Los disparadores que voy a compartir durante los próximos 30 días provienen de distintos libros y journals. Especificaré de dónde lo saqué para que puedan hacer más por su cuenta. Uno de los que más recomiendo para entrar en calor es «642 things to write about».
  • Y una charla TED acerca de hacer cosas durante 30 días.

mini disparador: un espía de incógnito va a impersonarte en todos los aspectos de tu vida. escribí las instrucciones.

  1. sos miope, usá anteojos siempre o achiná los ojos para ver de lejos.
  2. cara seria, hablá poco.
  3. cuando entres en confianza reíte mucho.
  4. cuando tengas que escribir, ponete a limpiar.
  5. andá a natación, tercer andarivel.
  6. salí en bici con el casco negro, pasá semáforos en rojo solo si no viene nadie a varios kilómetros.
  7. hablá mucho por skype.
  8. dejá que el té se enfríe.
  9. saludá a gente que ya conocés pensando que es la primera vez que se ven.
  10. comprá libros por internet.
  11. entrá a las papelerías solo para mirar.
  12. indignate cuando no te responden los mensajes de whatsapp.
  13. pegate mensajitos positivos en las paredes.
  14. cambiá de plan cada media hora.

«Living out loud», de Keri Smith: actividades para una vida creativa


Play is the most important element in discovering who you are. Play will lead you right into your deepest desires.

«En nuestra cultura es común creer que no es posible trabajar y jugar al mismo tiempo», dice Keri Smith en la introducción de Living out loud. Sin embargo, afirma, «el juego es el elemento más importante en el descubrimiento de quién sos, jugar te lleva a tus deseos más profundos». A lo largo de este libro-journal, Keri Smith comparte reflexiones y propone actividades para vivir una vida creativa, en sintonía con nuestra pasión. No es tanto un libro de how-tos («cómo hacer»), dice, sino un libro de to-do: invita a la acción. Es anillado, bastante portátil, y está dividido en cuatro grandes partes: Starting (empezar), Connecting (conectar), Letting go (dejar ir) y Dreaming work (soñar nuestro trabajo). Todas tienen una parte de texto y otra de actividades prácticas.

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Un libro para escribirle cartas a nuestro yo del futuro

La primera vez que le/me escribí una carta a mi futura yo fue gracias a Caro Chavate y Keri Smith. Fue un ejercicio que me gustó mucho y me prometí repetirlo cada diez años, al cambiar de década. Unas semanas después me fui a Londres y en Waterstones me encontré con este librito: «Letters to my future self» (Cartas a mi futura yo). Luché para no comprármelo, ya estaba cargando demasiadas cosas y tenía muchos journals sin terminar. Pero esto es como una maldición, ya les dije, como cuando sale el mismo muñequito que ya tenemos pero con un accesorio extra y ohpordios tengo que tenerlo. El journaling no tiene cura.

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