Archivo

El arte de escribir listas

Me encantan las listas. Me encanta pensar en listas y escribir listas.

Si tuviera que hacer una lista de tipos de listas, diría que existen dos:

A) las de cosas para hacer (los pendientes)
B) todas las demás

Yo escribo de las dos.

A) Listas prácticas: 

– comprar pan yogur huevos queso mermelada
– traducir el artículo para M.
– terminar la propuesta para G.
– cobrar
– mandarle el primer borrador a J.
– preguntarle lo de la factura a C.
– empezar la serie de fotos de Centroamérica
– esperar la respuesta de J. acerca de la situación en M.
– responderle el mail a Z.

Seguir leyendo

Cómo hacer un registro de tus días:
el logbook o journal

Esta semana estuve poco activa en este blog. Al final —pensaba ayer mientras nadaba— esto de tener dos personas conviviendo adentro (la viajera / la escritora) me complica un poco las cosas. Cuando una está motivada, la otra medio que se asusta. Cuando una sube cosas a su blog —porque ahora cada cual tiene su blog— la otra se traba un poco. Y estos días me pasó eso, estuve tan concentrada en generar contenido para Viajando por ahí que dejé a este de lado. Lo que no quiere decir que no haya estado escribiendo.

Seguir leyendo

«What it is», por Lynda Barry

“An image is a place. Not a picture of a place, but a place in and of itself. You can move in it. It seems not invented, but there for you to find” (Lynda Barry, What it is)

Los libros llegan a nosotros por serendipias: estamos buscando otra cosa y aparecen para cambiarnos la vida. Lynda Barry llegó a mí gracias a Austin Kleon, un autor que ya nombré varias veces en este blog y acerca del que escribiré pronto. Austin Kleon llegó a mí gracias a una intuición. En marzo del año pasado estaba caminando por Londres, creo que por el barrio de Shoreditch, y vi una tienda que me gustó: tenía libros, discos y cosas retro. Entré. Al fondo había mesas para sentarse y un libro que me llamó la atención: «Steal like an artist», de Austin Kleon —está en la lista para esta sección—. Me lo leí todo, ahí, sentada en la mesita. Al final, el autor daba una lista de libros y autores que lo habían inspirado. Los anoté. A veces lo que más me gusta de los autores es saber quiénes los inspiran a hacer lo que hacen. Guardé la lista y me fui.

Seguir leyendo

Cursos de escritura (y de otras cosas) en Skillshare

Descubrí Skillshare de casualidad. Hace un tiempo se me dio por empezar a estudiar hand-lettering —el arte de dibujar letras y frases a mano, algo que me gustaría empezar a hacer en mis libros— y yendo de un enlace a otro caí en Skillshare. Me pareció una web fantástica.

Esto es un ejemplo de hand-lettering (por Sean Wes)

Esto es un ejemplo de hand-lettering (por Sean Wes)

Seguir leyendo

«El éxito, el fracaso y el impulso para seguir creando», charla TED de Elizabeth Gilbert

Otra joyita de Elizabeth Gilbert. En su charla TED más conocida, «Your elusive creative genius», la autora de Eat, Pray, Love habla acerca de cómo seguir haciendo eso que te gusta cuando perdés la motivación o cuando sentís que la presión de crear algo nuevo es demasiado grande. En esta charla habla acerca del fracaso y del éxito, y de como ambos estados son en realidad lo mismo porque ambos nos alejan de nuestra casa.

Seguir leyendo

Shinzi Katoh y sus dibujos para ser feliz

No sé mucho acerca de Shinzi Katoh. Solo que es japonés e ilustrador, y que sus diseños me hacen volver a ser una nena. Descubrí su trabajo en una librería de Vancouver (Canadá), cuando me encontré con un cuaderno ilustrado por él. Es el que aparece en la foto de abajo, de tapa amarilla. Si estuviese en Buenos Aires le sacaría una foto de cuerpo entero (?), pero hasta que no vuelva esto es lo que tengo. Lo vi y me enamoré de la simplicidad del diseño, de esa nena con su gato, de la frase en francés que en ese momento —y durante varios años— no entendí. Decía: tu peux venir quand tu veux. Ahora sé que eso significa «podés venir cuando quieras». Lo compré junto con el de Los Beatles que también aparece en la foto —y que uso para escribir mis sueños— y fue la primera vez que escribí en un cuaderno con hojas amarillas. El nombre Shinzi Katoh me quedó grabado, pero nunca vi nada más de él. Hasta que viajé a Alemania.

Seguir leyendo

Disparador: comprate un cuaderno y escribí tus sueños. Todas las mañanas.

Este es mi cuaderno Beatle, aunque esta foto la saqué de internet. Lo que no se aprecia acá es que la tapa es como un holograma en 3D, y la podés mirar desde distintos ángulos.

Este es mi cuaderno Beatle, aunque esta foto la saqué de internet. Lo que no se aprecia acá es que la tapa es como un holograma en 3D, y la podés mirar desde distintos ángulos.

Ya ni me acuerdo cuándo fue que empecé a escribir mis sueños. Supongo que alrededor del 2008, cuando me compré un cuaderno con tapa de los Beatles y decidí usarlo solo para registrar mi mundo onírico. Se ve que estaba soñando mucho y quería poner todos esos fragmentos en un mismo lugar. Fue la época en la que empecé a catalogar mis cuadernos por sus funciones y ese, con su tapa psicodélica, no podía tener otro destino.

En el cuaderno Beatle debo tener escritos unos cien sueños. Cuando me fui de viaje a Asia decidí dejarlo en Buenos Aires y después me arrepentí. Seguí escribiendo mis sueños, pero quedaron desparramados en un montón de libretas y anotadores. Tal vez en algún momento los pase en limpio y los recopile en el cuaderno Beatle, donde tienen que estar.

Mi relación con los sueños tiene sus épocas. Tengo períodos en los que sueño muchísimo y todo es tan vívido que parece real. Tuve varios sueños lúcidos en los que pude controlar  mis acciones. A veces encuentro respuestas en mis sueños, a veces se me ocurren ideas para escribir y a veces recuerdo todo con tanto detalle que me cuesta entender que eso no pasó de verdad. Bah: en realidad pasó, solo que en otro plano. En mi libro, incluso, confieso que muchas veces confundo sueños con realidad: no es que se me mezcle todo, pero hay ciertas escenas que a veces me cuesta diferenciar. Perá, ¿eso lo soñé, no? Y después tengo épocas en las que sé que sueño pero no me acuerdo de nada. Mi capacidad de recordarlos suele estar relacionada con mis períodos creativos.

En su libro What it is —gran libro del que ya escribiré—, Lynda Barry se hace una pregunta que me persigue: Is a dream autobiography or fiction? (¿Un sueño es autobiográfico o ficción?). Yo creo que es una autobiografía disfrazada de ficción. También creo que los sueños solo se pueden interpretar conociendo en profundidad al soñador. Nunca creí en eso de que si soñás con un loco tenés que jugarle al 22 y cosas así. Tampoco creo en las interpretaciones generales que aparecen en internet: hay que entender la cabeza de quien sueña para darle sentido a ese mundo de imágenes. Por eso, mi psicóloga de sueños es mi mejor amiga, que también resulta ser psicóloga y me conoce hace unos veinticinco años.

dreams-autobiography-fiction

Estas semanas estoy soñando un montón. Demasiado y todo muy real. Casi todas las mañanas escribo alguno, aunque a veces no llego a tiempo y me los olvido o me da fiaca y los dejo pasar. Anoche tuve un sueño tan pero tan real que sentí la necesidad de escribirlo apenas me levanté, mientras desayunaba. Lo comparto abajo. El número que le puse es al azar, no sé cuántos sueños tengo escritos en total, pero creo que debo ir por ese número. Acá tampoco tengo un cuaderno específico para sueños. Sería como traicionar a mi cuaderno Beatle, que está ahí, en mi mesita de luz en Buenos Aires, incompleto y a la espera.

Por eso este disparador viene acompañado de una recomendación: cómprense un cuaderno, guárdenlo en la mesita de luz y úsenlo solo para escribir sueños. Y si se van de viaje, se lo llevan.

*

fragmento onírico #264

Estoy caminando por la calle y alguien me dispara dos veces en el pecho, a la altura del corazón. No sangro mucho pero me duele, busco un hospital pero están todos llenos. Me preocupo porque justo estoy sin seguro médico y tengo miedo de morir por no ser atendida a tiempo. Camino horas por la calle, apretándome la remera negra contra el pecho. No sé cuánto tiempo pasa. Actualizo mi estado en Facebook: «No puede ser que no haya un puto hospital en Barcelona. Tengo miedo de morir pronto». Al final llego a un hospital, creo que lo reservé por teléfono y que ya pasó un día. Cuando entro hay una fila larguísima. Lloriqueo un poco diciendo que lo mío es una emergencia, que me dispararon y que necesito un médico urgente. Una mujer me acompaña y me dice que suba por la escalera porque no funciona el ascensor. Es una escalera caracol rarísima, tiene varias salidas, algunas que no llevan a ninguna parte. Al final llego al segundo piso. No sé cómo es que todavía estoy caminando, siento que me baja la presión. El segundo piso es enorme, hay un montón de chicos en mesas largas teniendo clases. «Los médicos son húngaros», me dice la mujer que me acompaña, y me devuelve mi mochila. Acá no sé qué pasa porque me despierto en una cama blanca de hospital con L. durmiendo al lado mío. Tengo un moretón en el pecho y me duele cuando me río, pero estoy bien y sé que voy a sobrevivir. Ya me operaron. Viene el médico a examinarme, le digo a L. que me haga lugar porque está ocupando toda la cama. Me levanto, voy hasta el baño, me asomo y veo un inodoro adentro de un jacuzzi, con una ducha encima. Me doy cuenta de que no llamé a mi mamá para avisarle que estoy bien. Debe haber visto el estado de Facebook y estará desesperada. Mi celular está sin batería así que lo pongo a cargar pero justo aparece mi mamá con una profesora de la facultad. Apagan las luces porque hay un grupo que va a hacer un show de stand-up y después van a pasar un documental. Me voy adelante de todo, donde está L., y me quedo abrazada a él mirando el show.

Me despierto de golpe con dolor el pecho, el mismo que sentía en el sueño.

Más que un disparador, esta me parece una de las tareas básicas de los escrivivientes: escribir todo eso que pasa por nuestra cabeza, estemos despiertos o dormidos. Pueden encontrar más disparadores acá, y si quieren compartir algún sueño, son bienvenidos en los comentarios!

Paréntesis

Escribí este texto en el 2013, en el Taller de narrativa y ficción de Pedro Mairal, uno de los cursos de la Editorial Orsai. La consigna era escribir un texto a partir de la ilustración de uno de los alumnos del taller de REP, otro curso de Orsai. La ilustración que me tocó a mí es la que ven arriba, y su autor es Simón Urruti. Mi texto se llama Paréntesis y fue publicado primero en Que no te falle el verosímil, el blog que armamos con los chicos del taller.

Seguir leyendo

“642 things to write about”, el libro para entrar en calor

Lo encontré una tarde en Liverpool, en el gift shop de TATE Gallery. Además de ser fan de las papelerías y las librerías, otro lugar al que no puedo evitar entrar es a las tiendas de los museos. Tienen lo mejor de ambos mundos: cuadernos con tapas de cuadros, libros de arte y un montón de chucherías lindas y temáticas que no se ven en las papelerías normales.

El libro me llamó la atención enseguida. Se llamaba 642 things to write about y era grandote, gordo y pesado: nada cómodo para alguien que quiere viajar liviana. Llevármelo sería casi como andar con una guía telefónica en la mochila por placer. Cuando lo abrí no entendí cómo había vivido tanto tiempo sin él. No era un libro sino un conjunto de prompts —disparadores o consignas— para escribir y un montón de espacio en blanco. Era un libro-cuaderno.

Seguir leyendo

Soy otra

Desde que salió el sol en Biarritz soy otra. Fueron casi dos meses ininterrumpidos de lluvia, nubes y viento. Hace unos días me desperté con una luz rara que entraba por la ventana: ah, así era despertarse con el sol en la cara. Hace mucho que no me pasaba. Me activé enseguida, y cuando me activo se me da por limpiar. Agarré unos guantes rosas que encontré en la cocina y me puse a fregar las paredes del baño. Teníamos una colonia de hongos viviendo con nosotros y era tiempo de desalojarlos. Hasta acá llegó mi tolerancia a la humedad. Después de limpiar la cocina salí a caminar, algo que no hacía hace bastante.

Seguir leyendo

100 ideas para usar con un diario
(por Keri Smith)

Keri Smith da cien propuestas para hacer usando un diario (journal). Algunas son:

  • dibujar un mapa de todos los lugares que estuviste en un día
  • hacer una lista de los olores de tu barrio
  • escribirte una carta a vos mismo en el futuro
  • buscá una foto de alguien que no conozcas y escribí su biografía
  • escribí las instrucciones para una tarea de todos los días
  • escribí acerca de tu relación con tu lavarropas

Les recomiendo imprimir la lista, recortar los cuadraditos y ponerlos en una bolsita para ir sacando ideas al azar. (La bolsita de la foto me la encontré en la calle, hay gente que deja tesoros tirados!). Pueden descargar las 100 ideas en la web de Keri Smith (el enlace está al final del post). Disfruten y compartan!

El primer paso para estar más atento

«Empezá a notar qué es lo que notás», dice Lynda Barry en su libro What it is.

Y a mí me parece que ese es el primer paso para empezar a mirar mejor: ser consciente de qué cosas te suelen llamar la atención.

«Cómo ser un explorador del mundo», por Keri Smith

«At any given moment, no matter where you are, there are hundreds of things around you that are interesting and worth documenting» (En cualquier momento, no importa dónde estés, hay cientos de cosas alrededor tuyo que son interesantes y que vale la pena documentar)

Este libro es un manifiesto en sí mismo.

Todo es interesante. Mirá más de cerca. Observá todo lo que pasa alrededor tuyo. Buscá patrones, hacé conexiones. Documentá tus hallazgos, dice Keri Smith, la autora, en la introducción.

Observá. Coleccioná. Analizá. Compará.

Seguir leyendo

Las piedras del equilibrio

Las encontré una tarde de octubre durante una sesión de terapia de mar. Estaba en la playa, enojada conmigo y con la vida, y sentí el impulso de caminar lo más lejos posible. Avancé descalza por el borde del mar, dando pasos rápidos, y dejé que el agua me mojara los pies. Estaba fría. No soy de hablar sola, pero a veces, cuando tengo una necesidad muy fuerte de decirme algo, los pensamientos me salen en voz alta, así que durante esa caminata hablé conmigo, me conversé, me analicé y me reté. Estaba en un momento en el que no sabía si quedarme en Francia, mudarme a Barcelona o volver a Argentina, así que visualicé esos escenarios en voz alta y después de relatarme lo que pasaría en cada lugar me di cuenta de que estaba donde tenía que estar. Me faltaba disfrutar más del presente y no estar siempre a la espera de cosas.

Seguir leyendo

Ideas: qué escribir cuando no sabés qué escribir

En su libro Writing down the bones, Natalie Goldberg habla acerca de la práctica de escritura o «writing practice»: es una manera de escribir que tiene que ver con capturar el momento presente y no con escribir novelas ni pensar en estructuras formales. Es una manera de fortalecer el músculo de la escritura sin pensar demasiado, una entrada en calor, una práctica continua. Y da algunas ideas, para quienes no sepan por dónde empezar:

«Sentate. Escribí este momento. Podés empezar con «este momento» y terminar hablando de las flores que llevaste en tu casamiento. Está bien. No lo controles. Quedate presente y no dejes de mover la mano.»

Seguir leyendo

chau Word, hola Scrivener

Le dije chau al Word —el procesador de texto que todos usamos por default— hace más de cinco años. Un día lo cerré y nunca más tuve necesidad de abrirlo. Cuando cambié de computadora ni lo instalé. El culpable de esto fue Lucas, un amigo de un amigo.

Cuando lo conocí, Lucas estaba escribiendo una novela. Yo estaba en Buenos Aires, entre viaje y viaje, y con ganas de escribir un libro. Cuando le conté, me dijo:

—Usá Scrivener.

—¿El qué?

—Scrivener, es un programa para escritores. Vas a ver que no volvés a abrir el Word.

Seguir leyendo

La cajita Beatle
(kit portátil de emergencia artística)

En mí conviven dos personas:

1. la chica que viaja y trata de cargar la menor cantidad de cosas posibles: la minimalista.

2. la chica que escribe y que colecciona un montón de cosas chiquitas que no sirven para nada: la cachivachera.

A veces pienso que voy a tener que elegir entre una y otra personalidad, y que el peso de todas estas cosas que colecciono le va a ganar a los viajes. Me encanta ir con la mochila liviana, pero a veces siento que dejo gran parte de mi mundo en Buenos Aires: los libros, mi biblioteca, mis cajones, mis cuadernos, mis cositas. Debe ser por eso que cuando paso un año sin volver a casa empiezo a extrañar todas estas cosas y necesito frenar para tener algo parecido en el lugar del mundo donde esté.

Seguir leyendo

«Writing down the bones», de Natalie Goldberg

“We must remember that everything is ordinary and extraordinary.
It is our minds that either open or close.”
(Debemos recordar que todo es ordinario y extraordinario. Es nuestra mente la que se abre o se cierra)

– Natalie Goldberg

Empecé a leer libros acerca de escribir hace cuatro años, cuando descubrí On writing de Stephen King. Antes de eso, había dos cosas que no me imaginaba: una, que hubiese libros que hablaran acerca del proceso de escribir, y dos, que ese proceso fuese tan parecido al mío. Creía que los grandes escritores producían libros como máquinas de hacer chorizos: uno tras otro, de manera fácil, natural y organizada. Pensaba que se sentaban a escribir y el libro les salía bien desde el principio: pensaba, en realidad, que se sentaban y escribían la edición final, sin borradores de mierda como los míos. Cuando encontré estos libros entendí que no, que ser escritor era más o menos parecido para todos.

Seguir leyendo

Abecedario de madera

Uno de mis lugares preferidos de Biarritz, la ciudad francesa en la que estoy viviendo, es La maison des arts: una papelería chiquita pero repleta de cosas. Como me queda cerca, cada vez que paso por la puerta entro y me quedo mínimo media hora mirando. El problema es que quiero comprarme todo: las lapiceras de colores con brillitos, los cuadernos artesanales, la cinta scotch con dibujitos, las gomas de borrar con forma de animalitos, los crayones, las libretas, el papel de forrar, las postales, el papel de carta. Está todo muy bien presentado en una mesa central, así que mi recorrido consiste en dar vueltas a la mesa como si estuviese jugando al juego de las sillas. Y en cada vuelta encuentro algo nuevo.

Seguir leyendo

Catación de cuadernos: moleskine

Supe de la existencia de las libretas y cuadernos Moleskine por mi papá, que es periodista y me los mostró en una librería en Estados Unidos hace unos doce años. Me contó que la libreta negra era famosa porque era la que usaban grandes periodistas, escritores y artistas como Van Gogh, Picasso, Hemingway y Bruce Chatwin. Me quiso regalar una y le dije que no. Me intimidaban un poco. Un cuaderno caro no te hace escribir más ni mejor, pensaba, es un lujo innecesario: si te gusta escribir, vas a escribir donde sea. Además, me parecían aburridas: colores lisos, tamaños normales, hojas sin nada. Yo estaba en mi período de cuadernos con tapas ilustradas y hojas con dibujos y colores, y una Moleskine me parecía demasiado seria y adulta. Así que durante varios años no me interesó.

Seguir leyendo

Write shitty first drafts
(Escribí borradores de mierda)

“Write shitty first drafts. All good writers write them. This is how they end up with good second drafts and terrific third drafts. (…) The first draft is the child’s draft, where you let it all pour out and then let it romp all over the place, knowing that no one is going to see it and that you can shape it later. (…) Almost all good writing begins with terrible first efforts. You need to start somewhere. Start by getting something —anything— down on paper.”

– Anne Lamott, «Bird by bird»

Seguir leyendo

Mi media birome

Cada país hispanohablante tiene su palabra para referirse a ellas: bolígrafo, lapicero, lapicera, pluma, lapiz tinta, esfero, puntabola, biro. En Argentina le decimos birome, que es el nombre de la marca que la inventó, o lapicera. Son las ballpoint, las que tienen una bolita en la punta.

Me llevó mucho tiempo encontrar mi media birome. Al igual que con los cuadernos, con las lapiceras pasé por casi todas: las plumas con sus cartuchos, las roller, las pilot, los marcadores, las de punta fina, las de punta gruesa y otras que ni sé cómo se llaman. Cuando me fui de viaje me di cuenta de que siempre había tenido a la birome de mi vida muy cerca. En Argentina, las biromes de todos los días son las Bic (la de la foto de este post): están al lado del teléfono, en las cocinas, en los portalápices, en las oficinas, en el correo, al lado de cualquier formulario y en cualquier cartera («para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero», diría el vendedor). Y para mí son perfectas.

Seguir leyendo

Todo es escribible

todo-es-escribible

Cuando te das cuenta de que todo lo que te pasa, lo que ves y lo que vivís es escribible, empezás a mirar el mundo de otra manera: todo es material para un texto.

Podés, entonces:

– recordar eso que te pasó en el colegio y que preferiste olvidar, los momentos horribles de tristeza, vergüenza, humillación, esa vez que te pusiste a llorar en el comedor porque te dolían los aparatos fijos, la vez que se corrió el rumor de que había una foto tuya en portaligas, cuando tu amiga te contó que estaba enamorada de tu ex novio y vos hiciste de cuenta que no te importaba;

Seguir leyendo

La loca de los cuadernos

Hay tres cosas que no puedo evitar comprarme, esté en Buenos Aires o de viaje:

1. Libros
2. Postales
3. Cuadernos

Ya tengo más de los que voy a poder leer/mandar/escribir en mi vida, pero mis impulsos de compra compulsiva no desaparecen. Me convenzo diciendo que los voy a usar más adelante, y eso hago, lo que pasa es que la compra es más rápida que el uso. Cuando estoy viajando es un problema: suelo encontrar cuadernos lindísimos pero tengo que pensarlo dos veces por el peso, aunque en general los termino comprando y me digo que son cosas que no pesan. Y a la vez cuando estoy viajando es cuando más escribo, así que no es una mala combinación.

Seguir leyendo

Es tinta

Cuando las húngaras me preguntaron qué era esa marca negra en el dedo, me reí. Nos estábamos despidiendo en la puerta de su casa en Sopron, un pueblo del interior de Hungría, después de tres horas de charla. Vera, la mayor, me había contado su historia de vida y yo había tomado apuntes mientras mi mamá traducía.

—No es nada, es tinta —respondí en castellano, esperando a que mi mamá les explicara.

No hizo falta. La palabra tinta se dice igual en varios idiomas. Casualidad: en indonesio y húngaro, dos idiomas que estudié y que no tienen ninguna relación, tinta se dice tinta.

Cada vez que escribo a mano se me forma una mancha de tinta en el dedo anular derecho. Debe ser porque agarro mal la birome y arrastro la mano sobre la hoja en algún ángulo raro, pero se forma siempre ahí, en el mismo lugar. Muchos me preguntan qué me pasó, si me golpée, porque piensan que es un moretón. Pero a mí esa mancha me pone contenta porque quiere decir que estoy escribiendo. Es como un trofeo que solo yo conozco y que me gano siempre, escriba mal o bien. Es el premio por aparecer en la página e intentar lo que sea.

Privacy Settings
We use cookies to enhance your experience while using our website. If you are using our Services via a browser you can restrict, block or remove cookies through your web browser settings. We also use content and scripts from third parties that may use tracking technologies. You can selectively provide your consent below to allow such third party embeds. For complete information about the cookies we use, data we collect and how we process them, please check our Privacy Policy
Youtube
Consent to display content from Youtube
Vimeo
Consent to display content from Vimeo
Google Maps
Consent to display content from Google