“A la hora de escribir descubrirán que el cuerpo duele”, leí hoy en el libro Zona de obras de Leila Guerriero.

Y me gustó que alguien me lo dijera, porque sí, a mí a veces me duele todo, desde la cabeza hasta el pecho, cuando tengo que empezar un borrador. Porque escribimos con las manos pero en realidad lo hacemos con todo el cuerpo, con el presente y el pasado y el futuro que intuimos. Porque llenar una hoja en blanco con algo que valga la pena es un sacrificio y no escuchar esa voz que nos dice que lo que estamos a punto de escribir es una mierda es muy difícil. Porque escribir duele y está bueno que quienes ya escriben, lo digan, para que quienes recién empiezan, lo sepan. Escribir duele pero, a algunos, nos salva.