29/12/17
Biarritz, Francia.

Caro:

Qué año tremendo fue el 2017. Y digo “fue” porque en mi cabeza ya lo despedí. Ahora estoy esperando ansiosa que se vaya y no vuelva nunca más. Una amiga me dijo que, según la astrología, este fue un año de depuración. Muchas muertes, peleas, separaciones, finales abruptos. Para mí fue un año de resolver conflictos no resueltos, o al menos de intentarlo, y un año de limpieza, también. Pero un año que no quisiera repetir. Si bien me pasaron muchas cosas buenas a nivel profesional, emocionalmente fue todo muy complicado. Tal vez lo mejor que me dejó este año fue que me reconectó con mi interés por la astronomía y lo cósmico. Creo que en un intento de poner mis problemas en perspectiva, de recordar que no somos tan importantes, volví a mirar hacia afuera, a entender que somos un paréntesis en el universo, y cambié mi foco de lo micro a lo macro. Volví a los libros de astronomía, a mirar fotos del espacio y películas que ocurren en galaxias lejanas. Es la única manera que encuentro de decirme “todo va a estar bien” (o “todo se va a terminar en algún momento, así que mejor no preocuparme tanto”).

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