21 de junio de 2017
Biarritz, Francia.

Caro:

No sé por qué me está costando tanto escribir esta carta, si encima el tema de tomar decisiones lo propuse yo. Empecé a escribirte hace más de un mes en Puerto Viejo, Costa Rica, frente a un ventanal que daba a las calles de tierra del pueblo, mientras esperaba a que mis papás llegaran de visita después de nueve meses sin vernos. Cada cinco minutos me levantaba a mirar por la ventana, aunque sabía que faltaban varias horas para que la combi que los traía llegara. Creo que empecé a escribirte ese día porque inconscientemente sabía que tenía la excusa perfecta: llegaron mis papás, no tengo tiempo de terminar, después la sigo. Pero después fue el transatlántico, dieciséis días sin conexión a internet, dieciséis días ideales para escribir cartas mirando el mar, y tampoco pude. Ese barco me revivió algunas crisis que había estado tapando y la angustia no me dejo escribir casi nada.

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