Las encontré una tarde de octubre durante una sesión de terapia de mar. Estaba en la playa, enojada conmigo y con la vida, y sentí el impulso de caminar lo más lejos posible. Avancé descalza por el borde del mar, dando pasos rápidos, y dejé que el agua me mojara los pies. Estaba fría. No soy de hablar sola, pero a veces, cuando tengo una necesidad muy fuerte de decirme algo, los pensamientos me salen en voz alta, así que durante esa caminata hablé conmigo, me conversé, me analicé y me reté. Estaba en un momento en el que no sabía si quedarme en Francia, mudarme a Barcelona o volver a Argentina, así que visualicé esos escenarios en voz alta y después de relatarme lo que pasaría en cada lugar me di cuenta de que estaba donde tenía que estar. Me faltaba disfrutar más del presente y no estar siempre a la espera de cosas.

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