Le dije chau al Word —el procesador de texto que todos usamos por default— hace más de cinco años. Un día lo cerré y nunca más tuve necesidad de abrirlo. Cuando cambié de computadora ni lo instalé. El culpable de esto fue Lucas, un amigo de un amigo.

Cuando lo conocí, Lucas estaba escribiendo una novela. Yo estaba en Buenos Aires, entre viaje y viaje, y con ganas de escribir un libro. Cuando le conté, me dijo:

—Usá Scrivener.

—¿El qué?

—Scrivener, es un programa para escritores. Vas a ver que no volvés a abrir el Word.

Seguir leyendo