Categoría:Papelería

La ruta de las papelerías en Ámsterdam
(o Ámsterdam para paper lovers)

La ruta de las papelerías surgió de combinar mis viajes con mi fanatismo por los cuadernos, los journals, los libros, las washi tapes y los elementos de escritura. Cada vez que visito una ciudad nueva marco en el mapa este tipo de tiendas y las recorro como si fuese una búsqueda del tesoro. Visitar estos lugares es una buena excusa para caminar de un lado a otro, y estos posts son el resultado de esas exploraciones. Acá vas a encontrar datos de papelerías, librerías, casas artísticas y otras tiendas de objetos en distintas ciudades del mundo.

Más que “ruta de las papelerías”, esta entrega debería llamarse “Ámsterdam for paper lovers” (me gusta más que “para amantes del papel”). Estoy viviendo en Ámsterdam hace seis meses y, como buena paper lover, ya tengo mis rincones preferidos de la ciudad. En esta lista no solo incluyo papelerías, sino también librerías, artísticas y tiendas de objetos (donde venden journals y libretas). Recomiendo hacer el recorrido a pie o, si te animás, en bici. Ámsterdam es una ciudad para recorrer despacio.

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La ruta de las papelerías en Berlín

La ruta de las papelerías surgió de combinar mis viajes con mi fanatismo por los cuadernos, los journals, los libros, las washi tapes y los elementos de escritura. Cada vez que visito una ciudad nueva marco en el mapa este tipo de tiendas y las recorro como quien busca un tesoro. Son una gran excusa para caminar de un lado a otro, y estos posts son el resultado de esas exploraciones. Acá vas a encontrar datos de papelerías, librerías, casas artísticas y otras tiendas de objetos en distintas ciudades del mundo.

Viajé a Berlín en enero. Pleno. Invierno. Los días eran cortos y hacía mucho frío. La ciudad en sí no me deslumbró (voy a tener que volver), tal vez porque recién venía de Moscú, que me enamoró con sus colores pasteles y calles llenas de nieve. Sin embargo, hacer mi ruta de las papelerías en Berlín le dio color a mi recorrido. Me la pasé caminando y, cada vez que tuve frío, busqué la papelería más cercana para refugiarme.

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La ruta de las papelerías en Londres

La ruta de las papelerías surgió de combinar mis viajes con mi fanatismo por los cuadernos, los journals, los libros, las washi tapes y los elementos de escritura. Cada vez que visito una ciudad nueva marco en el mapa este tipo de tiendas y las recorro como quien busca un tesoro. Son una gran excusa para caminar de un lado a otro, y estos posts son el resultado de esas exploraciones. Acá vas a encontrar datos de papelerías, librerías, casas artísticas y otras tiendas de objetos en distintas ciudades del mundo.

La última vez que viajé a Londres lo hice para ver librerías. Esta vez, para hacer mi ruta de las papelerías. Como hago cada vez que estoy por viajar a una ciudad en la que quiero hacer este recorrido, investigué en internet y fui armando la lista de lugares con la info que encontraba. Me imaginaba que en Londres iba a haber bastante y la verdad es que no me dio el tiempo para recorrer todo lo que hubiese querido. Lo bueno es que muchos lugares están cerca así que se puede caminar de uno a otro.

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La ruta de las papelerías en Buenos Aires

La ruta de las papelerías surgió de combinar mis viajes con mi fanatismo por los cuadernos, los journals, los libros, las washi tapes y los elementos de escritura. Cada vez que visito una ciudad nueva marco en el mapa este tipo de tiendas y las recorro como quien busca un tesoro. Son una gran excusa para caminar de un lado a otro, y estos posts son el resultado de esas exploraciones. Acá vas a encontrar datos de papelerías, librerías, casas artísticas y otras tiendas de objetos en distintas ciudades del mundo.

Tenía muy pendiente hacer esta ruta. Soy de Buenos Aires y empecé con la ruta de las papelerías en Santiago de Chile en el 2016 porque acá no conseguía los cuadernos ni los journals ni los productos de papelería que me gustan. Después viajé a Nueva York, Tokio, París y Madrid (cuatro pesos pesados del stationery) y seguí haciendo la ruta por ahí. Esta vez, me tocó Buenos Aires. Después de dar algunas vueltas por la ciudad, estas son mis conclusiones:

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La papelería de mis sueños está en Kuala Lumpur

Fui a Kuala Lumpur al menos seis veces, y recién en esta última vuelta se me ocurrió googlear “Kuala Lumpur stationery stores” (*papelerías). Así fue como llegué a este post de la revista Time Out: “The best stationery brands and shops in KL”. Marqué varios de los lugares recomendados en el mapa (preparación previa para hacer mi ruta de las papelerías en la capital malaya) y hubo una papelería que me llamó la atención más que el resto. Se llamaba Stickerrific y la revista Time Out la describía así:

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La ruta de las papelerías en París

La ruta de las papelerías surgió de combinar mis viajes con mi fanatismo por los cuadernos, los journals, los libros, las washi tapes y los elementos de escritura. Cada vez que visito una ciudad nueva marco en el mapa este tipo de tiendas y las recorro como quien busca un tesoro. Son una gran excusa para caminar de un lado a otro, y estos posts son el resultado de esas exploraciones. Acá vas a encontrar datos de papelerías, librerías, casas artísticas y otras tiendas de objetos en distintas ciudades del mundo.

Cada vez que recorro una ciudad que ya conozco siguiendo la ruta de las papelerías siento que la vuelvo a ver por primera vez. Encontrar estos negocios en París fue como abrir pequeños portales mágicos a una dimensión desconocida. Las papelerías de París me parecieron de las más lindas y cuidadas que vi hasta ahora: cada tienda tiene su sello propio, hay una variedad enorme, mucha producción artesanal y un gran amor por el papel. Los precios son caros, eso sí, pero creo que las papelerías de París son más para buscar tesoros que para llevarse todo (aunque ganas no falten).

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La ruta de las papelerías en Madrid

La ruta de las papelerías surgió de combinar mis viajes con mi fanatismo por los cuadernos, los journals, los libros, las washi tapes y los elementos de escritura. Cada vez que visito una ciudad nueva marco en el mapa este tipo de tiendas y las recorro como quien busca un tesoro. Son una gran excusa para caminar de un lado a otro, y estos posts son el resultado de esas exploraciones. Acá vas a encontrar datos de papelerías, librerías, casas artísticas y otras tiendas de objetos en distintas ciudades del mundo.

Debe ser la quinta vez que vengo a Madrid y hasta ahora no había hecho esta ruta acá. Encontré más lugarcitos de los que esperaba, lo cual es muy bueno. Las papelerías y librerías están concentradas en la misma zona así que se puede ir de una a otra a pie y frenar de vez en cuando a comer algo rico y sacar fotos. Les dejo la lista de las papelerías y librerías que visité. Si conocen más, por favor compartan la info en los comentarios.

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La ruta de las papelerías en Tokio

Estoy en el paraíso. No pensé que los japoneses se tomaban la papelería tan en serio, no pensé que existía un país de stationery worshippers. Al igual que en Nueva York, mis recorridos por Tokio están armados en función de las papelerías y librerías que quiero conocer. Ya no sé para dónde mirar, cada tienda a la que entro es una sobredosis visual de cuadernos, lapiceras, agendas, marcadores, stickers, post-its, washi tapes (esas cinta scotch de papel con dibujos / mi nueva adicción) y un montón de cosas que ni sabía que existían pero que necesito tener urgente. Me sorprenden dos cosas: la variedad de productos que hay en cada negocio (no hay una sola agenda, hay veinte modelos distintos y de cada modelo hay con 30 tapas distintas) y la poca repetición que hay entre un negocio y otro. Cuando pensás que ya viste todo te das cuenta de que todavía te quedan cuatro pisos de cosas distintas. Y cuando pensás que la próxima papelería va a tener más o menos lo mismo que la anterior… sorpresa.

Les dejo una ruta de papelerías y librerías en Tokio. Algunas aclaraciones:

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La ruta de las papelerías en Nueva York

Cuando supe que nos íbamos a Nueva York lo primero que hice fue googlear librerías y papelerías (lo que en inglés se llama stationery stores) y marcarlas en el mapa. Soy loca por este tipo de negocios que en Buenos Aires casi no existen, así que me armé una lista y supe que mi recorrido por la ciudad estaría definido por la ubicación de estos lugares. Fui a casi todos, saqué un montón de fotos y tuve que controlarme para no comprar todo.

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La ruta de las papelerías en Santiago de Chile

Cuando empecé a viajar, en el 2008, iba a todas las iglesias y museos que me cruzaba en el camino porque creía que esos eran los lugares que una viajera tenía que visitar. Me aburría bastante. Ahora en cada viaje me dedico a recorrer librerías y papelerías porque son los lugares que me gusta explorar. Hace unas semanas viajé a Chile con dos objetivos: presentar “El síndrome de París”, mi segundo libro, y hacer la ruta de las papelerías (autogestionada) en Santiago. Googleé mucho, pregunté bastante y estos fueron mis resultados. Seguramente queden lugares sin mencionar, así que si conocen más comenten y voy ampliando el mapa.

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Cuadernos hechos en Argentina

La semana pasada fui con amigos a Comicópolis, el festival internacional de historietas que se hace en Buenos Aires hace tres años. Después de recorrer los stands de las editoriales, salimos un rato a tomar aire y nos acercamos a mirar una fila de puestos. Cuando vi lo que vendían me volví loca. Fui puesto por puesto diciendo: “¡Ay! ¡Qué lindo! ¡Mirá estos cuadernos!”. Me salió la catadora interior. Como todos me gustaron tanto, pedí tarjetitas para poder investigarlos mejor, así que acá les dejo una lista de fabricantes argentinos de cuadernos. Algunos estaban en los stands de Comicópolis y otros los descubrí en Facebook.

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Una lectora en Londres

Decidí volver a Londres con un objetivo concreto: pasar varias tardes en Waterstones, una de las librerías más grandes de Europa. Conocí Waterstones de casualidad, la primera vez que estuve en Londres, cuando caminaba por Picadilly y vi una vidriera que me llamó la atención. Entré sin imaginarme que me esperaban cinco pisos y un subsuelo de libros y sillones. Estaba viajando sola, así que pasé gran parte de mi estadía metida ahí adentro, con pilas de libros y horas por delante. Unos meses después, cuando vivía en Biarritz (Francia), me obsesioné con volver.

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Procrastinaciones para amantes del papel

Hace mucho que no paso por acá. No sé si habrá alguien esperando del otro lado, pero si es así, solo quiero decir que este blog es como el correo: tarda pero llega. Es un slow blog. Al volver de este último viaje me di cuenta de que me cuesta mucho retomar los proyectos, sobre todo cuando tenía una rutina muy armada antes de irme. Durante estos meses en Biarritz estuve escribiendo mi segundo libro, preparando un proyecto de fotografía, subiendo posts a Viajando por ahí y a este blog, pero me fui de viaje por tres semanas y me descalibré: volví y no pude hacer nada. A veces siento que cuanto más corto es el viaje, más me cuesta volver a empezar. Vuelvo a mi espacio de trabajo y siento la misma resistencia interna que cuando quiero arrancar con algo nuevo. Y así empieza la procrastinación.

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Qué llevo en mi cartuchera

Para escribir este post quisiera estar en casa, donde tengo mis cosas de papelería. O quisiera volver a mi infancia y preadolescencia y sacarle fotos a todas las cartucheras que tuve. La loca de los cuadernos, de las cartucheras y de las mochilas. Pobre mi mamá, ahora pienso en la plata que habrá gastado comprándome esas tres cosas.

Cartucheras recuerdo que tuve de varios tipos:

– las de lata: solían venir con dibujos de Garfield, Silvestre y Piolín, Snoopy. Había de diferentes tamaños, algunas rectangulares y otras como con panza. Casi todas tenían un piso removible que las convertía en espacios de dos pisos. Yo solía escribirles en el interior con liquid paper, y cuando me cansaba de la frase la borraba con la uña y escribía otra.

– las de dos o tres pisos: estas eran la gloria, aunque bastante aparatosas. Parecían cajas. Solían ser con motivos de flores o cuadriculados, y por encima de la tela tenían un plástico que las protegía. Tenían dos o tres pisos y se abrían como libros. Cada piso tenía su propio cierre, y algunas incluso tenían dos sobres en el exterior —en las tapas— que se cerraban con velcro y servían para guardar cositas.

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El arte de escribir listas

Me encantan las listas. Me encanta pensar en listas y escribir listas.

Si tuviera que hacer una lista de tipos de listas, diría que existen dos:

A) las de cosas para hacer (los pendientes)
B) todas las demás

Yo escribo de las dos.

A) Listas prácticas: 

– comprar pan yogur huevos queso mermelada
– traducir el artículo para M.
– terminar la propuesta para G.
– cobrar
– mandarle el primer borrador a J.
– preguntarle lo de la factura a C.
– empezar la serie de fotos de Centroamérica
– esperar la respuesta de J. acerca de la situación en M.
– responderle el mail a Z.

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Cursos de escritura (y de otras cosas) en Skillshare

Descubrí Skillshare de casualidad. Hace un tiempo se me dio por empezar a estudiar hand-lettering —el arte de dibujar letras y frases a mano, algo que me gustaría empezar a hacer en mis libros— y yendo de un enlace a otro caí en Skillshare. Me pareció una web fantástica.

Esto es un ejemplo de hand-lettering (por Sean Wes)

Esto es un ejemplo de hand-lettering (por Sean Wes)

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Shinzi Katoh y sus dibujos para ser feliz

No sé mucho acerca de Shinzi Katoh. Solo que es japonés e ilustrador, y que sus diseños me hacen volver a ser una nena. Descubrí su trabajo en una librería de Vancouver (Canadá), cuando me encontré con un cuaderno ilustrado por él. Es el que aparece en la foto de abajo, de tapa amarilla. Si estuviese en Buenos Aires le sacaría una foto de cuerpo entero (?), pero hasta que no vuelva esto es lo que tengo. Lo vi y me enamoré de la simplicidad del diseño, de esa nena con su gato, de la frase en francés que en ese momento —y durante varios años— no entendí. Decía: tu peux venir quand tu veux. Ahora sé que eso significa “podés venir cuando quieras”. Lo compré junto con el de Los Beatles que también aparece en la foto —y que uso para escribir mis sueños— y fue la primera vez que escribí en un cuaderno con hojas amarillas. El nombre Shinzi Katoh me quedó grabado, pero nunca vi nada más de él. Hasta que viajé a Alemania.

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chau Word, hola Scrivener

Le dije chau al Word —el procesador de texto que todos usamos por default— hace más de cinco años. Un día lo cerré y nunca más tuve necesidad de abrirlo. Cuando cambié de computadora ni lo instalé. El culpable de esto fue Lucas, un amigo de un amigo.

Cuando lo conocí, Lucas estaba escribiendo una novela. Yo estaba en Buenos Aires, entre viaje y viaje, y con ganas de escribir un libro. Cuando le conté, me dijo:

—Usá Scrivener.

—¿El qué?

—Scrivener, es un programa para escritores. Vas a ver que no volvés a abrir el Word.

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La cajita Beatle
(kit portátil de emergencia artística)

En mí conviven dos personas:

1. la chica que viaja y trata de cargar la menor cantidad de cosas posibles: la minimalista.

2. la chica que escribe y que colecciona un montón de cosas chiquitas que no sirven para nada: la cachivachera.

A veces pienso que voy a tener que elegir entre una y otra personalidad, y que el peso de todas estas cosas que colecciono le va a ganar a los viajes. Me encanta ir con la mochila liviana, pero a veces siento que dejo gran parte de mi mundo en Buenos Aires: los libros, mi biblioteca, mis cajones, mis cuadernos, mis cositas. Debe ser por eso que cuando paso un año sin volver a casa empiezo a extrañar todas estas cosas y necesito frenar para tener algo parecido en el lugar del mundo donde esté.

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Abecedario de madera

Uno de mis lugares preferidos de Biarritz, la ciudad francesa en la que estoy viviendo, es La maison des arts: una papelería chiquita pero repleta de cosas. Como me queda cerca, cada vez que paso por la puerta entro y me quedo mínimo media hora mirando. El problema es que quiero comprarme todo: las lapiceras de colores con brillitos, los cuadernos artesanales, la cinta scotch con dibujitos, las gomas de borrar con forma de animalitos, los crayones, las libretas, el papel de forrar, las postales, el papel de carta. Está todo muy bien presentado en una mesa central, así que mi recorrido consiste en dar vueltas a la mesa como si estuviese jugando al juego de las sillas. Y en cada vuelta encuentro algo nuevo.

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Catación de cuadernos: moleskine

Supe de la existencia de las libretas y cuadernos Moleskine por mi papá, que es periodista y me los mostró en una librería en Estados Unidos hace unos doce años. Me contó que la libreta negra era famosa porque era la que usaban grandes periodistas, escritores y artistas como Van Gogh, Picasso, Hemingway y Bruce Chatwin. Me quiso regalar una y le dije que no. Me intimidaban un poco. Un cuaderno caro no te hace escribir más ni mejor, pensaba, es un lujo innecesario: si te gusta escribir, vas a escribir donde sea. Además, me parecían aburridas: colores lisos, tamaños normales, hojas sin nada. Yo estaba en mi período de cuadernos con tapas ilustradas y hojas con dibujos y colores, y una Moleskine me parecía demasiado seria y adulta. Así que durante varios años no me interesó.

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Mi media birome

Cada país hispanohablante tiene su palabra para referirse a ellas: bolígrafo, lapicero, lapicera, pluma, lapiz tinta, esfero, puntabola, biro. En Argentina le decimos birome, que es el nombre de la marca que la inventó, o lapicera. Son las ballpoint, las que tienen una bolita en la punta.

Me llevó mucho tiempo encontrar mi media birome. Al igual que con los cuadernos, con las lapiceras pasé por casi todas: las plumas con sus cartuchos, las roller, las pilot, los marcadores, las de punta fina, las de punta gruesa y otras que ni sé cómo se llaman. Cuando me fui de viaje me di cuenta de que siempre había tenido a la birome de mi vida muy cerca. En Argentina, las biromes de todos los días son las Bic (la de la foto de este post): están al lado del teléfono, en las cocinas, en los portalápices, en las oficinas, en el correo, al lado de cualquier formulario y en cualquier cartera (“para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero”, diría el vendedor). Y para mí son perfectas.

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La loca de los cuadernos

Hay tres cosas que no puedo evitar comprarme, esté en Buenos Aires o de viaje:

1. Libros
2. Postales
3. Cuadernos

Ya tengo más de los que voy a poder leer/mandar/escribir en mi vida, pero mis impulsos de compra compulsiva no desaparecen. Me convenzo diciendo que los voy a usar más adelante, y eso hago, lo que pasa es que la compra es más rápida que el uso. Cuando estoy viajando es un problema: suelo encontrar cuadernos lindísimos pero tengo que pensarlo dos veces por el peso, aunque en general los termino comprando y me digo que son cosas que no pesan. Y a la vez cuando estoy viajando es cuando más escribo, así que no es una mala combinación.

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