Supe de la existencia de las libretas y cuadernos Moleskine por mi papá, que es periodista y me los mostró en una librería en Estados Unidos hace unos doce años. Me contó que la libreta negra era famosa porque era la que usaban grandes periodistas, escritores y artistas como Van Gogh, Picasso, Hemingway y Bruce Chatwin. Me quiso regalar una y le dije que no. Me intimidaban un poco. Un cuaderno caro no te hace escribir más ni mejor, pensaba, es un lujo innecesario: si te gusta escribir, vas a escribir donde sea. Además, me parecían aburridas: colores lisos, tamaños normales, hojas sin nada. Yo estaba en mi período de cuadernos con tapas ilustradas y hojas con dibujos y colores, y una Moleskine me parecía demasiado seria y adulta. Así que durante varios años no me interesó.

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