En mí conviven dos personas:

1. la chica que viaja y trata de cargar la menor cantidad de cosas posibles: la minimalista.

2. la chica que escribe y que colecciona un montón de cosas chiquitas que no sirven para nada: la cachivachera. 

A veces pienso que voy a tener que elegir entre una y otra personalidad, y que el peso de todas estas cosas que colecciono le va a ganar a los viajes. Me encanta ir con la mochila liviana, pero a veces siento que dejo gran parte de mi mundo en Buenos Aires: los libros, mi biblioteca, mis cajones, mis cuadernos, mis cositas. Debe ser por eso que cuando paso un año sin volver a casa empiezo a extrañar todas estas cosas y necesito frenar para tener algo parecido en el lugar del mundo donde esté.

La última adquisición que se sumó a mi equipaje de viajera es esta cajita Beatle. La compré en una tienda beatle de Liverpool durante mi gira mágica y misteriosa, pero no la compré para mí. Era para otro fan de los Beatles. Como no estaba muy segura de dársela o no, elegí una que me gustara a mí por si decidía quedármela. Y al final eso hice. (No se la merecía).

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Como no estaba en mis planes viajar con una cajita de lata, supe que tenía que encontrarle una función. Cuando uno vive con todas sus pertenencias en una mochila, cada cosa tiene que servir para algo. Sino, que se quede en casa.

Primero la usé para guardar algunos remedios y botones que tenía sueltos.

En Budapest, una noche que se cortó la luz, la usé de base para poner una vela —no cualquier vela: una que yo había hecho a mano.

Y en Biarritz, cuando me quedé quieta, la convertí en mi cajita creativa, en mi kit portátil de emergencia artística.

Adentro guardo:

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* una gallinita: cuando estuve en Florianópolis en el 2013 compré tres y le di las otras a mis mejores amigas viajeras. La mía la llevo siempre encima.

* un pin de Magritte: lo compré en Bruselas, en el museo Magritte, y lo llevo encima para tener un poco de surrealismo y no tomarme la vida tan enserio.

* un lego amarillo: lo encontré en las calles de Barcelona y la historia la cuento acá.

* dos matrioskas: se las compré a un artesano ruso en Riquewihr, un pueblito de la Alsacia francesa, un día de diciembre que hacía tanto frío que se me habían congelado los pies.

* una A: es parte del abecedario de madera que encontré en una papelería de Biarritz y que me desvela. La A me sirve para cuando estoy bloqueada.

* post-it de colores: los compré en Biarritz y los uso para marcar páginas en mis cuadernos y libros. Además me encanta el color que le dan a mi cajita.

* dos dados: son parte de un set de diez dados de colores que compré en Barcelona. Los uso para hacer viajes experimentales.

* un marquito verde: también conocido como «the one-inch frame». Esta es una idea de Anne Lamott, autora de «Bird by bird»: en su libro cuenta que tiene un marquito así en su escritorio y que lo usa para no sentirse abrumada cuando está por empezar un texto o novela. «Write what you can see through a one-inch frame»: empezá por escribir cosas chiquitas.

* 100 ideas de Keri Smith: cien propuestas creativas de Keri Smith para elegir al azar.

* las «what to do when you are stuck cards» también de Keri Smith: acciones para hacer cuando estás trabada con tu trabajo.

* una mini-postal de una mañana en México DF: esta foto me la mandó una lectora por correo y me gustó tanto que decidí pegarla en la parte interna de la tapa. Así, cada vez que abro mi cajita, me transporto por unos segundos a México.

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