Articles Tagged with: papelería

La papelería de mis sueños está en Kuala Lumpur

Fui a Kuala Lumpur al menos seis veces, y recién en esta última vuelta se me ocurrió googlear “Kuala Lumpur stationery stores” (*papelerías). Así fue como llegué a este post de la revista Time Out: “The best stationery brands and shops in KL”. Marqué varios de los lugares recomendados en el mapa (preparación previa para hacer mi ruta de las papelerías en la capital malaya) y hubo una papelería que me llamó la atención más que el resto. Se llamaba Stickerrific y la revista Time Out la describía así:

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Cuadernos hechos en Argentina

La semana pasada fui con amigos a Comicópolis, el festival internacional de historietas que se hace en Buenos Aires hace tres años. Después de recorrer los stands de las editoriales, salimos un rato a tomar aire y nos acercamos a mirar una fila de puestos. Cuando vi lo que vendían me volví loca. Fui puesto por puesto diciendo: “¡Ay! ¡Qué lindo! ¡Mirá estos cuadernos!”. Me salió la catadora interior. Como todos me gustaron tanto, pedí tarjetitas para poder investigarlos mejor, así que acá les dejo una lista de fabricantes argentinos de cuadernos. Algunos estaban en los stands de Comicópolis y otros los descubrí en Facebook.

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Procrastinaciones para amantes del papel

Hace mucho que no paso por acá. No sé si habrá alguien esperando del otro lado, pero si es así, solo quiero decir que este blog es como el correo: tarda pero llega. Es un slow blog. Al volver de este último viaje me di cuenta de que me cuesta mucho retomar los proyectos, sobre todo cuando tenía una rutina muy armada antes de irme. Durante estos meses en Biarritz estuve escribiendo mi segundo libro, preparando un proyecto de fotografía, subiendo posts a Viajando por ahí y a este blog, pero me fui de viaje por tres semanas y me descalibré: volví y no pude hacer nada. A veces siento que cuanto más corto es el viaje, más me cuesta volver a empezar. Vuelvo a mi espacio de trabajo y siento la misma resistencia interna que cuando quiero arrancar con algo nuevo. Y así empieza la procrastinación.

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Qué llevo en mi cartuchera

Para escribir este post quisiera estar en casa, donde tengo mis cosas de papelería. O quisiera volver a mi infancia y preadolescencia y sacarle fotos a todas las cartucheras que tuve. La loca de los cuadernos, de las cartucheras y de las mochilas. Pobre mi mamá, ahora pienso en la plata que habrá gastado comprándome esas tres cosas.

Cartucheras recuerdo que tuve de varios tipos:

– las de lata: solían venir con dibujos de Garfield, Silvestre y Piolín, Snoopy. Había de diferentes tamaños, algunas rectangulares y otras como con panza. Casi todas tenían un piso removible que las convertía en espacios de dos pisos. Yo solía escribirles en el interior con liquid paper, y cuando me cansaba de la frase la borraba con la uña y escribía otra.

– las de dos o tres pisos: estas eran la gloria, aunque bastante aparatosas. Parecían cajas. Solían ser con motivos de flores o cuadriculados, y por encima de la tela tenían un plástico que las protegía. Tenían dos o tres pisos y se abrían como libros. Cada piso tenía su propio cierre, y algunas incluso tenían dos sobres en el exterior —en las tapas— que se cerraban con velcro y servían para guardar cositas.

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Shinzi Katoh y sus dibujos para ser feliz

No sé mucho acerca de Shinzi Katoh. Solo que es japonés e ilustrador, y que sus diseños me hacen volver a ser una nena. Descubrí su trabajo en una librería de Vancouver (Canadá), cuando me encontré con un cuaderno ilustrado por él. Es el que aparece en la foto de abajo, de tapa amarilla. Si estuviese en Buenos Aires le sacaría una foto de cuerpo entero (?), pero hasta que no vuelva esto es lo que tengo. Lo vi y me enamoré de la simplicidad del diseño, de esa nena con su gato, de la frase en francés que en ese momento —y durante varios años— no entendí. Decía: tu peux venir quand tu veux. Ahora sé que eso significa “podés venir cuando quieras”. Lo compré junto con el de Los Beatles que también aparece en la foto —y que uso para escribir mis sueños— y fue la primera vez que escribí en un cuaderno con hojas amarillas. El nombre Shinzi Katoh me quedó grabado, pero nunca vi nada más de él. Hasta que viajé a Alemania.

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La cajita Beatle
(kit portátil de emergencia artística)

En mí conviven dos personas:

1. la chica que viaja y trata de cargar la menor cantidad de cosas posibles: la minimalista.

2. la chica que escribe y que colecciona un montón de cosas chiquitas que no sirven para nada: la cachivachera.

A veces pienso que voy a tener que elegir entre una y otra personalidad, y que el peso de todas estas cosas que colecciono le va a ganar a los viajes. Me encanta ir con la mochila liviana, pero a veces siento que dejo gran parte de mi mundo en Buenos Aires: los libros, mi biblioteca, mis cajones, mis cuadernos, mis cositas. Debe ser por eso que cuando paso un año sin volver a casa empiezo a extrañar todas estas cosas y necesito frenar para tener algo parecido en el lugar del mundo donde esté.

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Abecedario de madera

Uno de mis lugares preferidos de Biarritz, la ciudad francesa en la que estoy viviendo, es La maison des arts: una papelería chiquita pero repleta de cosas. Como me queda cerca, cada vez que paso por la puerta entro y me quedo mínimo media hora mirando. El problema es que quiero comprarme todo: las lapiceras de colores con brillitos, los cuadernos artesanales, la cinta scotch con dibujitos, las gomas de borrar con forma de animalitos, los crayones, las libretas, el papel de forrar, las postales, el papel de carta. Está todo muy bien presentado en una mesa central, así que mi recorrido consiste en dar vueltas a la mesa como si estuviese jugando al juego de las sillas. Y en cada vuelta encuentro algo nuevo.

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Catación de cuadernos: moleskine

Supe de la existencia de las libretas y cuadernos Moleskine por mi papá, que es periodista y me los mostró en una librería en Estados Unidos hace unos doce años. Me contó que la libreta negra era famosa porque era la que usaban grandes periodistas, escritores y artistas como Van Gogh, Picasso, Hemingway y Bruce Chatwin. Me quiso regalar una y le dije que no. Me intimidaban un poco. Un cuaderno caro no te hace escribir más ni mejor, pensaba, es un lujo innecesario: si te gusta escribir, vas a escribir donde sea. Además, me parecían aburridas: colores lisos, tamaños normales, hojas sin nada. Yo estaba en mi período de cuadernos con tapas ilustradas y hojas con dibujos y colores, y una Moleskine me parecía demasiado seria y adulta. Así que durante varios años no me interesó.

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Mi media birome

Cada país hispanohablante tiene su palabra para referirse a ellas: bolígrafo, lapicero, lapicera, pluma, lapiz tinta, esfero, puntabola, biro. En Argentina le decimos birome, que es el nombre de la marca que la inventó, o lapicera. Son las ballpoint, las que tienen una bolita en la punta.

Me llevó mucho tiempo encontrar mi media birome. Al igual que con los cuadernos, con las lapiceras pasé por casi todas: las plumas con sus cartuchos, las roller, las pilot, los marcadores, las de punta fina, las de punta gruesa y otras que ni sé cómo se llaman. Cuando me fui de viaje me di cuenta de que siempre había tenido a la birome de mi vida muy cerca. En Argentina, las biromes de todos los días son las Bic (la de la foto de este post): están al lado del teléfono, en las cocinas, en los portalápices, en las oficinas, en el correo, al lado de cualquier formulario y en cualquier cartera (“para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero”, diría el vendedor). Y para mí son perfectas.

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La loca de los cuadernos

Hay tres cosas que no puedo evitar comprarme, esté en Buenos Aires o de viaje:

1. Libros
2. Postales
3. Cuadernos

Ya tengo más de los que voy a poder leer/mandar/escribir en mi vida, pero mis impulsos de compra compulsiva no desaparecen. Me convenzo diciendo que los voy a usar más adelante, y eso hago, lo que pasa es que la compra es más rápida que el uso. Cuando estoy viajando es un problema: suelo encontrar cuadernos lindísimos pero tengo que pensarlo dos veces por el peso, aunque en general los termino comprando y me digo que son cosas que no pesan. Y a la vez cuando estoy viajando es cuando más escribo, así que no es una mala combinación.

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