Articles Tagged with: disparadores

Día 29: escribí un párrafo de tu futuro libro

En su libro “Bird by bird”, Anne Lamott cuenta que en su escritorio tiene un one-inch frame, un marco con un agujero de una pulgada, algo más chico que un sobre de azúcar. Lo usa como recordatorio: “Me recuerda que todo lo que tengo que hacer es escribir lo mismo que vería a través de un marco de una pulgada. Es todo lo que tengo que hacer por el momento. Lo que voy a hacer ahora, por ejemplo, es escribir ese párrafo que establece la historia en mi ciudad natal, en los años cincuenta, cuando los trenes todavía pasaban. Voy a pintar un cuadro de eso, en palabras, en mi procesador de texto. O todo lo que voy a hacer es describir al personaje principal cuando lo vemos por primera vez”.

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Día 28: estás preparando una cápsula del tiempo para enterrar en el jardín. La van a desenterrar en 500 años. Escribí una carta explicando cómo es la vida hoy.

Eso. Si querés hacé una cápsula real para abrir dentro del tiempo que quieras. Tené en cuenta que el período de tiempo que permanezca oculta determinará cuánto tendrás que explicar acerca de este mundo: en 50 años, si bien habrá cambios, algunas cosas serán las mismas. En 500 años el mundo será otra cosa, aunque nosotros, espero, seguiremos siendo humanos.

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Día 26: escribí acerca de la ropa que estás usando ahora mismo, cómo cada prenda llegó a tu vida

Mirá lo que tenés puesto y escribí la historia de cada prenda. Quizá compraste ese pantalón en un viaje, cuando estabas en la plaza principal de una ciudad y prometiste que solo entrabas a ese negocio a mirar. Puede que las medias (calcetines) hayan estado en oferta al lado de la caja y las hayas agarrado a último momento porque te gustaron los colores. Y ese buzo con dibujos de Plaza Sésamo es tu preferido, ya tiene varios agujeros pero no querés sacarlo, sentís que la capucha ya se amoldó a tu cabeza. Las sandalias no te acordás de dónde salieron, crees que te las regaló alguien para tu cumpleaños, o quizá las heredaste de una amiga que las tenía tiradas en su casa. Podés pensar, también, en qué vida tuvieron antes de que llegaran a la tuya.

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Día 25: escribí acerca de un tema del que no tenés ni idea. Inventá todo.

La escritura nos permite registrar nuestro mundo y a la vez crear mundos nuevos. Por eso me gusta tanto la escritura creativa, la que crea, la que no tiene límites ni bordes. Hoy toca inventar. Elegí un tema, el que quieras, puede ser algo que te fascine o te haya intrigado desde chico —en mi caso siempre me pregunté de dónde salieron los Moai de la Isla de Pascua—, un tema levemente científico —la vida y muerte de los baobabs—, algo mundano —qué hace la vecina de al lado cuando nadie la ve—, por qué los pitufos son azules, cómo es el proceso de fabricación de una galletita, cómo son los días en Saturno. Lo que se te ocurra. Ahora escribí un texto y explicá ese tema con total seguridad, como si fueses un experto.

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Día 21: “Estas son mis raíces”

Para este ejercicio buscá un papel lindo, puede ser de carta, de color, con dibujos o uno que te gustó por algo y que habías reservado para una ocasión especial. Agarrá también un sobre, o fabricá uno, y escribile en el frente:

“Estas son mis raíces”
Escrito el: __________________ (fecha de hoy)
Para abrir el: ________________ (fecha que quieras)

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Día 20: escribí acerca de un lugar que amás

Natalie Goldberg propone: “Visualizá un lugar que amás, situate ahí, recordá los detalles. Ahora describilo. Puede ser un rincón de tu dormitorio, un árbol bajo el que te sentaste un verano, una mesa en el McDonald’s de tu barrio, la orilla de un río. ¿Qué colores, olores, sonidos hay? Cuando otra persona lo lea debería saber qué se siente estar ahí. Debería sentir cómo amás ese lugar, no porque digas que lo amás, sino por cómo mostrás los detalles”.

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Día 19: describí tus rituales matutinos en tercera persona

¿Cuáles son las primeras cinco cosas que hacés al levantarte? Mirás por la ventana, abrazás a alguien, te abrigás los pies, te preparás un té en tu taza preferida que compraste en un viaje, escribís tus sueños, comés, no comés, mirás el teléfono, ¿qué hacés? Describí estas cinco acciones en tercera persona, como si estuvieras hablando del personaje de algún cuento.

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Día 17: escribí acerca de algo que no te gusta hacer

Escribí acerca de algo que no te guste hacer, que odies tener que repetir. Describí la actividad paso a paso y contá con mucho detalle por qué no te gusta, qué sentís cuando lo hacés. Yo, por ejemplo, odio ver fotos de las vacaciones de otro, sobre todo cuando son 7651 sin seleccionar, varias tomas de lo mismo, mucho desenfoque, flash pegando sobre cachetes de desconocidos, series de pies contra la arena, fotos grupales repetidas. Las veces que tengo que mirarlas por obligación siento que voy a sufrir algo así como el Death by Powerpoint. Tampoco me gusta el ritual de ir a la pileta (nadar me encanta, el antes y el después me parece lo más tedioso del mundo), ni jugar al hockey (en el colegio me obligaban), ni subirme a un escenario. Elegí algo que te desagrade hacer, lo que sea, y escribilo. Tenés permiso para quejarte.

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Día 14: escribí un evento de tu vida de atrás para adelante

El libro “642 Tiny Things to Write About” propone: “Pensá en un evento dramático de tu vida (un accidente, pelea o pérdida) y escribilo hacia atrás”. Como si la cámara que filmó esa situación solo te permitiese ver el video de atrás para adelante. No hace falta que sea un texto largo, este libro de disparadores está pensado para completar las consignas en cinco minutos o menos, así que pueden condensar todo en un párrafo. Traten de mostrar cómo el tiempo va hacia atrás, en qué detalles se nota. Les dejo un cuento que me gusta mucho y que está escrito con este formato: “Divina locura” de Roger Zelazny. Mañana, para festejar el día 15, les daré uno de mis ejercicios preferidos de Lynda Barry.

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Día 13: escribile una carta a tu yo del pasado

Elegí una edad que sea importante por las elecciones que hiciste en ese momento. Puede ser cuando empezaste la facultad, cuando la dejaste, cuando tuviste un hijo, te peleaste con alguien, conociste a alguien, dejaste tu trabajo, alguien se murió, casi te morís. Puede ser un evento muy mínimo que haya cambiado el rumbo de tu vida. Escribile a ese yo de XX años desde tu yo actual y decile lo que sientas que tiene que saber.

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Día 12: elegí un objeto de tu casa. Escribí su historia.

Este ejercicio me encanta. Lo hice por primera vez en el taller de narrativa de Pedro Mairal, un escritor argentino, en el 2013. Una mañana, Pedro llegó al bar con una naranja, la puso sobre la mesa y nos pidió que habláramos de ella. Cada cual terminó contando una historia distinta, alguien describió la manera de pelar naranjas de su papá, yo conté de cuando un chino me regaló una naranja muy cara en año nuevo. La naranja era la misma pero tenía significados distintos según quién la mirara. Los objetos tienen historias personales que solo los dueños pueden contar. A veces esa historia nos antecede, a veces empieza con nosotros. Para la consigna de hoy elijan un objeto de su casa y escriban su historia. Traten de reconstruir todo: de dónde salió el objeto, cómo llegó a sus vidas, de qué maneras interactúan con él, qué significados oculta, qué lo hace importante, o no.

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Día 11: Empezá con “me acuerdo de”

En Writing down the bones, Natalie Goldberg propone: “Empezá con me acuerdo de. Escribí muchas memorias chiquitas. Si caes en un recuerdo grande, escribí acerca de eso. No frenes. No te preocupes si ese recuerdo ocurrió hace cinco segundos o hace cinco años. Todo lo que no es este momento son memorias que vuelven a cobrar vida cuando las escribimos. Si te trabás, volvé a escribir me acuerdo de y seguí”. Es un buen ejercicio para hacer una lista. Mi consejo es que no piensen demasiado, que escriban lo que se les venga a la mente y se dejen llevar. Cuando lo hice terminé escribiendo un montón de historias del colegio que no hubiese recordado de otra manera. Si se traban, también pueden empezar diciendo “no me acuerdo de”.

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Día 10: escribí el anuncio de un producto o servicio que te gustaría que existiera

Si pudieras inventar algo para facilitarte la vida, ¿qué sería? A mí me encantaría que exista un “Search” para la vida real: perdí algo en mi casa, lo escribo en esta barra de búsqueda y enseguida me muestra dónde está. También me gustaría tener un buscador de texto para mis libretas, para saber dónde escribí ciertas cosas. Imaginen que logran inventar esto que tanto necesitan y que tienen que salir a venderlo. ¿Cómo lo presentarían?

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Día 9: escribí acerca de la primera vez que viste a una persona de la que te enamoraste

Todos recordamos ese momento, cuando lo/la vimos por primera vez, así que hoy nos toca ponernos románticos (?). O no. Hay amores que son a primera vista y otros a décima. Buscá ese día en tu cabeza y tratá de revivirlo. ¿Dónde estabas? ¿Por qué estabas ahí? ¿Cómo era el clima? ¿Era de día o de noche?  ¿Cómo fue que se cruzaron? ¿Cuál fue el primer pensamiento que tuviste? ¿Qué te dijo? ¿Qué le dijiste? ¿Qué fue lo que te llamó la atención? ¿Qué pasaba a tu alrededor? ¿Cómo estaban vestidos? Como dije en otro ejercicio, la escritura sirve para guardar momentos en cajitas, así que condensá ese primer encuentro y describilo lo mejor que puedas, como si quisieras mantenerlo en el presente para siempre.

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Día 3: desde donde estás sentado, escribí diez cosas a las que no les habías prestado atención.

Escribir tiene mucho que ver con aprender a estar presente. Natalie Goldberg dice que los escritores viven dos veces: primero la situación real —ir al mercado, cruzar la calle, dar un beso, comer, pelearse— y luego el registro escrito de esa situación. Escribir es volver a vivir un momento, es estar otra vez ahí, y para eso no hace falta tener buena memoria sino saber prestarle atención a la realidad. No es fácil ser consciente de cada momento —de esto se trata el mindfulness—, la vida cotidiana suele ponernos en piloto automático y hace que no registremos esos detalles que son, justamente, demasiado cotidianos. Pero la atención es algo que se entrena y la escritura es una herramienta excelente para esa gimnasia.

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30 días de escribirme

Dicen que hay que hacer algo por al menos treinta días para convertirlo en hábito. A mí a veces me funciona y a veces no, pero solo me doy cuenta al intentarlo. Cuando el hábito que quiero formar tiene que ver con la creatividad o el arte, me gusta pensarlo en formato de proyecto. El año pasado me propuse hacer un proyecto personal por mes. Durante todo agosto, por ejemplo, hice un cómic de mi día. Un intento de cómic, porque tampoco me sale tan bien, pero logré mantener el ejercicio por treinta días y documentar mi vida de otra manera. En septiembre me propuse publicar al menos una foto por día en Instagram. En enero de este año empecé a hacer un dibujo al día. Otros proyectos fracasaron, como hacerme un autorretrato diario, cocinar una receta nueva todos los días o meditar todas las mañanas. Algunos los terminé y no los seguí haciendo porque no quise, pero disfruté mucho ser constante durante un mes.

Si querés escribir tenés que generar el hábito. Antes cuando leía un libro que me gustaba me imaginaba que el autor se había sentado una mañana en su escritorio, en alguna cabaña en un bosque, había estirado los dedos y se había puesto a tipear la novela entera de un saque, casi sin errores. En general eso no pasa. Hay borradores de mierda, momentos en los que el cuerpo duele, parálisis frente a la hoja en blanco, momentos de disfrute pleno, un censor interno que no para de hablar y muchas pero muchas horas frente a la pantalla o el cuaderno. Escribir no es fácil pero tampoco tiene que intimidar. No hace falta escribir acerca de grandes cosas ni escribir pensando que el objetivo de un texto es publicarlo. Yo escribo muchos más textos para mí que para compartir. Anne Lamott dijo, en su libro “Bird by bird”: “The act of writing turns out to be its own reward”. El verdadero premio que nos da la escritura es el acto de escribir en sí, el proceso. Todo lo demás no importa, si no disfrutamos eso no vale la pena hacerlo solo por los resultados.

Los viajes me enseñaron a valorar la cotidianidad. “Cómo pasamos nuestros días es cómo pasamos nuestra vida”, dijo Anne Dillard. Si escribís aunque sea media hora por día, aunque no publiques ni se lo muestres a nadie, habrás pasado gran parte de tu vida escribiendo. Por eso tengo ganas de proponerles un proyecto para que hagamos juntos, a la distancia y en silencio. Durante los próximos 30 días, cada día publicaré un disparador o consigna corta para que ustedes escriban un texto de la extensión que quieran y con el formato que quieran en sus cuadernos o blogs. Son disparadores orientados a textos autobiográficos, pero pueden encararlos como quieran, o incluso escribir de otra cosa. No hace falta que los compartan, ni siquiera tienen que ser textos terminados. No le tengan miedo a los borradores. Lo importante es que los empiecen, se dejen llevar y disfruten esa media hora diaria, que sea una media hora para encontrarse con la hoja y la birome —o con la pantalla y el teclado— y con ustedes mismos. Nada más.

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Recordatorio: “Lo que está enfrente tuyo es un buen comienzo”

  • Pueden ver todos los posts de este proyecto acá: “30 días de escribirme”.
  • Si quieren compartir sus textos o experiencias o reflexiones online, pueden usar el hashtag #30díasdeescribirme. Suelo andar por Instagram así que buscaré por ahí. Como les dije, no hay obligación de mostrar nada, tómenlo como un ejercicio personal.
  • Les recomiendo que durante este mes lean los libros “Bird by bird” de Anne Lamott y “Writing down the bones” de Natalie Goldberg.
  • Los disparadores que voy a compartir durante los próximos 30 días provienen de distintos libros y journals. Especificaré de dónde lo saqué para que puedan hacer más por su cuenta. Uno de los que más recomiendo para entrar en calor es “642 things to write about”.
  • Y una charla TED acerca de hacer cosas durante 30 días.

Las puertas de mi vida

La consigna que salió de la bolsita de 100 ideas era: escribí acerca de (o dibujá) algunas de las puertas de tu vida.

“La puerta rompe el espacio, lo escinde, impide la ósmosis, impone los tabiques: por un lado estoy yo y mi-casa, lo privado, lo doméstico (el espacio recargado con mis propiedades: mi cama, mi moqueta, mi mesa, mi máquina de escribir, mis libros, mis números descabalados de La Nouvelle Revue Française…), por otro lado están los demás, el mundo, lo público, lo político.”

(Georges Perec en Especies de espacios)

La puerta principal de mi casa-cueva está desgastada por la sal. Es azul, tiene la pintura descascarada y los hierros oxidados. A veces, cuando el cartero no encuentra a nadie adentro, me deja las postales y los sobres enganchados en esos hierros. Otras veces se escuchan golpes: son los dueños o algún amigo. La puerta es pesada y tengo que empujarla con las dos manos —a veces con un pie— para entrar. Para cerrarla bien hace falta tirar con fuerza, hasta escuchar un click.

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15 consignas de escritura de Natalie Goldberg

Hoy estuve leyendo “The true secret of writing: connecting life with language”, otro libro de Natalie Goldberg, algo así como la secuela de “Writing down the bones”. Digo “algo así” porque no lo sentí como una continuación directa del primero, sino un libro enfocado en el Zen y las prácticas de meditación más que en la escritura en sí. Pero tiene propuestas interesantes y me tuvo escribiendo toda la tarde. Acá recopilé algunas de las consignas de escritura del libro. Hagan las que más les llamen la atención. En estos momentos me gustaría tener un espacio físico donde reunirnos y escribir en grupo.

Algunas ideas para empezar a escribir (algunas son para hacer con un tiempo determinado)

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Las páginas matutinas

En su libro “El camino del artista”, Julia Cameron dice que hay dos herramientas fundamentales para nuestra recuperación creativa: las morning pages (páginas matutinas) y los artist dates (citas de artista). Un despertar creativo, dice, requiere un uso consistente de ambas disciplinas. Pero, ¿qué son las páginas matutinas? (De las citas de artista hablaré en otro post.)

“Dicho de manera simple, las páginas matutinas son tres páginas de fluir de conciencia escritas a mano”, dice Cameron. Su propuesta es que lo primero que hagamos al levantarnos cada mañana sea agarrar un cuaderno y llenar tres hojas con lo que se nos venga a la cabeza. “No hay una manera incorrecta de hacer las páginas matutinas. Este fluir de conciencia no tiene por qué ser arte. Tampoco tiene que ser escritura. La escritura es solo un medio. El objetivo de estas páginas es mover la mano y escribir lo que salga. Nada es demasiado estúpido, raro o insignificante como para no ser incluido”. Nadie debe leer tus páginas matutinas excepto vos. Y vos tampoco deberías leerlas enseguida. Escribilas durante ocho semanas y releelas después.

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100 ideas para usar con un diario
(por Keri Smith)

Keri Smith da cien propuestas para hacer usando un diario (journal). Algunas son:

  • dibujar un mapa de todos los lugares que estuviste en un día
  • hacer una lista de los olores de tu barrio
  • escribirte una carta a vos mismo en el futuro
  • buscá una foto de alguien que no conozcas y escribí su biografía
  • escribí las instrucciones para una tarea de todos los días
  • escribí acerca de tu relación con tu lavarropas

Les recomiendo imprimir la lista, recortar los cuadraditos y ponerlos en una bolsita para ir sacando ideas al azar. (La bolsita de la foto me la encontré en la calle, hay gente que deja tesoros tirados!). Pueden descargar las 100 ideas en la web de Keri Smith (el enlace está al final del post). Disfruten y compartan!

Ideas: qué escribir cuando no sabés qué escribir

En su libro Writing down the bones, Natalie Goldberg habla acerca de la práctica de escritura o “writing practice”: es una manera de escribir que tiene que ver con capturar el momento presente y no con escribir novelas ni pensar en estructuras formales. Es una manera de fortalecer el músculo de la escritura sin pensar demasiado, una entrada en calor, una práctica continua. Y da algunas ideas, para quienes no sepan por dónde empezar:

“Sentate. Escribí este momento. Podés empezar con “este momento” y terminar hablando de las flores que llevaste en tu casamiento. Está bien. No lo controles. Quedate presente y no dejes de mover la mano.”

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Todo es escribible

todo-es-escribible

Cuando te das cuenta de que todo lo que te pasa, lo que ves y lo que vivís es escribible, empezás a mirar el mundo de otra manera: todo es material para un texto.

Podés, entonces:

– recordar eso que te pasó en el colegio y que preferiste olvidar, los momentos horribles de tristeza, vergüenza, humillación, esa vez que te pusiste a llorar en el comedor porque te dolían los aparatos fijos, la vez que se corrió el rumor de que había una foto tuya en portaligas, cuando tu amiga te contó que estaba enamorada de tu ex novio y vos hiciste de cuenta que no te importaba;

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